Ella: Sí, los genitales femeninos tienen bastantes partes, pero el que tiene el nombre más curioso es el de Monte de Venus.

Él: Monte de Venus… Sí es nombre ése… “Ohh, el canto a la feminidaad, lo desconociido… Uhhh”, muy machista, debería decir.-Ella le da la razón- Además, si al triangulito lo llaman así, al pene deberían decirle La Porra de Marte.

Ella: Qué bruto que eres… – dice mientras se seca las lágrimas de la risa – ¿Y cómo llamarías a los huevillos?

Él: Uy, obvio… Phobos y Deimos.

Ella: Friki…

El dolor es inevitable,

el sufrimiento opcional.*

Si por dolor desespero,

si por no sufrir siempre me esfuerzo…

Mas si nunca para,

si nunca cesa,

se mete, a veces, en la cabeza

y no te permite pensar en nada.

 

Es entonces la salida buscar una solución

que te permita acabar con el dolor

que hasta con el más paciente

termina, le puede

la desesperación.

 

No, no quiero sufrir por dolerme,

mantiene mi alma la lucha,

sé que mi cuerpo es fuerte,

pero o consigo una ayuda

o terminará por vencerme.

 

*Buda.

Por mucho que soples,

por mucho que empujes,

aunque intentes apuñalarme,

por mucho que te enfades y patalees,

aunque pienses que el camino es traicionarme,

por mucho que pienses en cómo vencerme,

lo siento, amigo, no conseguirás derribarme.

 

Por mucho que intentes que todo eso me afecte,

para conseguir una simple mella en mí tendrías que importarme,

y aunque soples y soples, intentando congelarme,

lo siento, amigo, no conseguirás estremecerme.

 

No eres más que la tormenta que pasa,

que siempre, siempre, cesa.

Quizá, cuando veas que no me afectas,

retomarás el camino que tiempo ha ya no andas,

y cesarás en tu intento de eliminarme

porque no puedes aceptar el temerme.

No me apuñales con dulzura, amor,

pues igualmente me mata.

No me enternezcas con hermosas palabras

pues no vuelve más liviano el dolor.

Ni me acaricies con esas pestañas largas,

pues por mucho que quieras no me dan calor.

No, no quieras hacer llevadera la muerte de mi alma,

pues clavaste certera la daga, justo en el corazón.

Hay en Laendiell cierto caballero, de lengua afilada y monstruoso aspecto, que contesta siempre intentando ridiculizar al oponente, por la poca variedad de insultos que utiliza para describir lo que para todos es algo manifiesto.

Pues señor, recojo el guante que siempre deja en el aire, y permítame usted el contestarle: No hay nada malo en ser feo, sobretodo si los dioses en su día así lo quisieron (si es que no fue simplemente una mala broma de los hados vuestro nacimiento). Imagino que os habéis pasado muchas horas frente al espejo, inventando nuevas formas de criticar a ese triste cuerpo, así, los insultos de los demás siempre quedarán tristes y nada originales en comparación a las creaciones de vuestro encomiable intelecto. Así, no habrá palabra malsonante que a vuestra merced llegue alguna vez a afectarle. Pero, caballero, hace años que no oigo de vuestra boca ni un triste soneto, ¿es que ya no tiene tinta… su tintero? ¿O puede que tal vez vuestra amada pluma se sienta cansada de la escritura y vaya por otros derroteros?

La vejez a todos alcanza, y hace tiempo ya que se instaló, junto a su corcova, sobre la espalda. Si no quiere dar su brazo a torcer y ceder ante un campeón más joven su posición en la corte, bueno, es de los ancianos el derecho de aguantar hasta que les lleve la muerte. Mas ¡ay de los rumores! que corren por las posadas y callejones, sobre lo reblandecida que se muestra vuestra espada cuando, por simple descuido, fija sus ojos en usted una dama…por poner un ejemplo. Pues, como ya dice usted mismo, sobre vuestro aspecto sobran las palabras.

Centráos, es un consejo, en las letras y en las notas, si ya vuestro cuerpo no responde ante las señoras; cantad una endecha a vuestra espada ,si así la tenéis satisfecha; pero centraos en algo más que en responder insultos que os hacen perder el tiempo, pues con tanta tardanza en vuestras composiciones literarias hace creer al espectador, como yo, que lloráis encerrado en alguna estancia por el corazón robado a manos de un ladrón traicionero. Y no quisiera Laendiell perder a uno de sus mejores autores por buscar al autor de semejante hazaña, pues pensaba casi imposible encontrar tal órgano dentro de su indescriptible carcasa.

Gilraen Inn

En contestación a De lo que le dijo un Señor de renombre a un cretino (II)

De Arminda C. Ferrera.

Qué recuerdos escoger,

qué recuerdos relegar al olvido,

cómo poder destejer

de la mente lo vivido…

 

Sería más fácil borrarlo todo,

empezar de cero, un folio en blanco,

que conseguir el suficiente autocontrol

para decidir, qué recuerdos me quedo

y de cuales me deshago.

 

 

 

Hay a quienes su vida

les cabe en una caja,

otros en un coche ya tiran,

y algunos buscan empresas de mundanzas…

 

Chacho, chacho…

lo que no entiendo

es que acumulemos tanto

en un breve espacio de tiempo.

 

Se pierde mi mente

entre los montones de cajas,

estanterías vacías….

Nada que no se arregle

con un soplete

y un bidón de gasolina…

Besa el aura que gime blandamente


las leves ondas que jugando riza;


el sol besa a la nube en occidente


y de púrpura y oro la matiza;


la llama en derredor del tronco ardiente


por besar a otra llama se desliza;


y hasta el sauce, inclinándose a su peso,


al río que le besa, vuelve un beso.

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima IX

Bess and Raleigh dance – Elizabeth The Golden Age OST

Perdernos en rizos,

en las curvas pararnos,

en las rectas acelerarnos

y frenar en el abismo.


Así, sin brújulas ni mapas,

ni estrellas que iluminen

el camino del que anda…

Deseando que los ojos fascinen,

que las manos deshagan.


En el stop del mentón

pararemos los labios,

las avenidas los cuerpos.


Así, sin brújulas ni mapas,

poco a poco, sin prisas, aceleramos

sin miedo y con ansias,

sin saber cuando pararnos.

Por una cabeza – Astor Piazzola

Dónde están las curvas que recorría

en mi juventud y en mis recuerdos,

en aquellos felices días

donde hacía de ti mi alimento.


Ahora me acompaña el viento,

el sonido de un violín solitario,

de un beso perdido en los labios,

y los consejos de un sabio camarero.


Mira mi estropeada estampa,

con mirada plena del ayer

que te recuerdan lo que fue

y que ahora no es nada.


Pero, de rodillas te suplico,

tú, mujer de ensueño y pesadilla

que tratas de marioneta a mi vida,

que entras y sales a tu antojo, maldita,

que me sonríes sobre tus tacones, allá arriba,

por favor, déjame o bésame, pero acaba conmigo.

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