Mano sobre mano,
los dedos enlazados
son el centro de nuestro universo.
Y nuestra suave danza
su translación.
Mis ojos en los tuyos,
dedos que desean recorrer los cuerpos,
acariciar las mejillas
y cerrar los ojos.
El suelo desaparece,
el escenario no existe,
los pies vuelan,
no quieren volver a posarse.
Dedos que luchan por zafarse del abrazo,
con terror por no volver a encontrarse.
Tú, la gacela.
Yo, el arquero.
Silencio atronador,
ritmo mudo,
una lucha cortés.
El círculo se repite sin cansancio,
mas cuando la música cese
tú volverás a mi lado
y yo al tuyo
