El viento sopla con fuerza,

su cabello despeinado

no deja ver el horizonte gris,

no ve el navío luchando por salir,

por llegar hasta la costa

y vencer, por una vez, a la marea.


Él observa la luz,

el faro que obrará el milagro

de guiarlo hasta ella,

donde el agua helada

no acuchillará sus dedos,

donde la sal y la lluvia

no cuartean su cuerpo,

donde sus cálidos brazos,

sus labios, sus besos

harán que las montañas de agua

se conviertan en una balsa.

Sólo para volver a ser realidad,

para dejar, por un instante,

relegado el recuerdo.

Faro