El traqueteo

adormece mis sentidos,

sin buscarlo, sin quererlo,

entro en el bosque prohibido

de mi mente.

Encuentro caminos infinitos,

como si de tela de araña

sus hilos,

que llegan, que alcanzan,

parajes de mi imaginación,

momentos, enseñanzas,

que creí hace mucho tiempo

olvidadas.

Y así estoy,

meciéndome en una danza

que sueño de tus brazos,

sintiendo la brisa en mi cara,

que sueño aliento de tus labios.

Mas cuando, confusa,

abro de nuevo los ojos,

no hay labios, ni brazos,

sólo la línea difusa

del horizonte,

que me canta y me mece

para volver a encontrarte,

allá escondido

en el fondo de mi mente.