No me pidas que me controle,
yo soy fuego.
No me pidas que no te ahogue
si alimentas mi llama
con promesas de amor y besos…
Sí, caliento la casa
cuando con tranquilidad te velo,
cuando sólo te sueño
porque sé que no te tendré jamás.
Pero si tocas mi alma
con tus corrientes,
con tus vaivenes…
Si alimentas mi salvaje llama,
te devoraré…
Entonces, no me quedará ya nada
y moriré recordándote…
Cómo me dabas la vida
y cómo, por mi hambre de ti, ahora me la quitas.











devoraré todo a tu alrededor por consumirme
por apagar mi sed de vos…
Este poema quema!!!…un amor imposible…=)
Excelso e impecable. Te felicito.
Devorado por sus pasiones… era inevitable.
Uno lo alimenta, a la vez que se consume; el otro se crece y lo inflama hasta que su compañero expira exhausto.
Un momento brillante y efímero.