Esperar, a que el viento

levante con dulzura su falda

y poder observar el suave contoneo

de sus hermosas caderas.

 

Esperar, a que un movimiento

le haga levantar la mirada,

aunque sea sólo un momento,

para que la mañana sea perfecta…

 

Soñar, soñar despierto

con romper la distancia que separa

a un extraño de un beso,

imaginando encontrar la manera.

 

Y mientras, pasa el tiempo

sin saber que cuando deja de mirarla

ella enfrenta su deseo

de acercarse y tocarlo, con su propia vergüenza.