Dead and Lovely – Tom Waits

Medias rotas, corrido rímel,

negras gotas que corren hasta su cuello de cisne.


La ceniza cae cerca de un tacón

astillado de bailes y calles,

la colilla en labios empapados en alcohol,

hermosos, carnosos y rojos como la sangre.


Ella sonríe triste,

ama a los desconocidos

pero al albordarla no sabe qué decirles,

como si nunca hubiera escuchado un cumplido.

Antes de amanecer, descalza, tabaco en ristre,

antes de que las sábanas cojan su olor, se marcha sin ruidos.


Y así pasa los días, con hambre

y sueños remendados, tapados los espejos,

hasta que la noche cae irremediable

y su rostro vuelve a lucir perfecto

pese a sus zapatos rotos y su sed insaciable…

Hasta que una voz ronca cante su fado

y vuelvan las amargas lágrimas a sus ojos tristes,

hasta que otro desconocido la invite a un trago

y lleguen a una anónima habitación, dándolo todo antes de irse.

Pues al alba, sigilosamente, se ha marchado.

Sin saber nunca si al despertarse

habría encontrado de nuevo el frío

o la cálida sonrisa de un extraño amigo

con sabor y aroma de un café para emborracharse

de juegos y promesas que quizá se habrían cumplido.