Éramos jóvenes y valientes,
soñando con mil aventuras, batallas,
bardos cantando nuestras hazañas
y haciendo a las doncellas ruborizarse.
Éramos jóvenes, atrevidos,
que buscaban su momento de gloria
donde otros habían caído.
Eramos jóvenes y estúpidos,
con ansia esperábamos
lo que muchos otros habían temido.
Seremos siempre jóvenes ahora,
los bardos cantarán nuestra muerte
y nuestras madres nos mantendrán en su memoria.
Mas con espadas hendidas en nuestros cuerpos,
alimentando así una tierra extraña,
no nos esperarán doncellas con guirnaldas
sino el vacío yermo del sueño eterno.





















