
Pido a vuestras mercedes
pongan en mí su atención,
pues con mi voz he de advertirles
con la verdad en esta canción:
En este mundo caminan infinitas criaturas,
y muchas de ellas llevan a una muerte segura.
Mas ¡ay! de los demonios sedientos,
buscando siempre solitarias almas
que sienten vacías sus camas…
De ellos os prevengo.
Sus voces, hermosa melodía,
sus rostros, por la gracia tocada,
y sus cuerpos, hasta a los santos embriagarían.
Si una noche tocan a tu puerta,
querrán hechizarte con hermosas palabras
dirán que con vosotros han encontrado a su pareja,
y que con todo su corazón os aman.
Pero ¡ay del poco cristiano
que por un nuevo cuerpo olvida los votos
a los que por sagrada unión está atado!
¡Ay de la esposa que espera
a que regrese su marido, caballero
que marchó meses atrás a la guerra,
y que anhela el sabor de los besos!
Pues aunque su tacto sea cálido y suave,
y sus labios el mejor terciopelo,
éstos se moverán ávidos y con hambre
y en su frenética pasión cambiará su cuerpo.
De los hombres,
no quedarán ni los huesos,
de las mujeres…
nueve meses de agonía
y alumbrarán un engendro.
¡Así os aviso, os advierto!
Pues no todo rostro hermoso, amigos,
es en su interior, bueno,
y con sus artes y sortilegios
os arrastrarán al infierno.
