Por mucho que soples,
por mucho que empujes,
aunque intentes apuñalarme,
por mucho que te enfades y patalees,
aunque pienses que el camino es traicionarme,
por mucho que pienses en cómo vencerme,
lo siento, amigo, no conseguirás derribarme.
Por mucho que intentes que todo eso me afecte,
para conseguir una simple mella en mí tendrías que importarme,
y aunque soples y soples, intentando congelarme,
lo siento, amigo, no conseguirás estremecerme.
No eres más que la tormenta que pasa,
que siempre, siempre, cesa.
Quizá, cuando veas que no me afectas,
retomarás el camino que tiempo ha ya no andas,
y cesarás en tu intento de eliminarme
porque no puedes aceptar el temerme.






















