La verdad es que no sé muy bien cómo acabé aquí. Soy un buen tipo, nunca me he metido con nadie, y sin embargo aquí estoy, hablando con un tipejo como tú, escondido de un mafioso de mala muerte en una ciudad llena de locos… En fin, al menos ahora tengo un trabajo, y una casa decente. Así que no puedo quejarme.
Pero sí, un día tuve una familia, una hermosa mujer… No tenía ni un dólar, y vivíamos en una casa de 40 metros cuadrados, pero aquello sí era vida, volver del trabajo y besarla… Ahora sólo me espera la soledad, y las pesadillas por las noches. No, no es que no me guste la vida que llevo ahora, no se confunda, pero estos momentos…
Ya, ya sé que no tengo pinta de asesino… ¿Qué le vamos a hacer? Usted tampoco parece lo que es, nadie lo hubiera dicho, y sin embargo aquí estamos. Ah, no, no empecemos con eso, usted tiene de inocente lo que yo de… de… bueno, ya me entiende.
Además, créame cuando le digo que va a ser la primera vez que realmente disfrute apretando el gatillo..
Noviembre 14, 2008
El gato y el ratón III
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Noviembre 12, 2008
El ratón y el gato II
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No soy un buen tipo, lo sé. Nunca he ayudado a nadie si ello no me favorecía a mí de algún modo. Siento si eso le molesta, pero soy así. No voy a justificar mis actos con historias de mi dura infancia, que no fue tal, ni nada de eso. Pero en esta vida todo es adaptarse o morir, y en esta profesión lo es más que en ninguna otra. Soy un tipo duro, de los de antes, bajo una máscara de hombre gracioso, a veces socarrón. Piense cómo si no hubiera llegado hasta aquí.
No, no se confunda, tengo mis sentimientos, mis amigos. A ellos los ayudo porque quiero, si ellos están bien yo también lo estoy. Y he tenido parejas, por supuesto, pero cuando empiezan a preguntarte porqué llegas a las tres de la mañana oliendo a alcohol y a tabaco, o porqué hay sangre en los puños de tu camisa… Una retirada a tiempo es una victoria. No, entiendo lo que quiere decir, pero las mujeres de este mundo no me van, hay pocas que realmente vivan de la misma forma que yo, no quiero amas de casa en mi vida, no tengo nada en contra de éstas, pero si quisiera estar con alguien, lo estaría con una persona que me llenara, que comprendiera lo que hago, cómo lo hago y porqué.Espero que entienda ahora porqué estoy solo.
De todas formas, amigo, nada de esto viene al caso, no es el asunto que nos ocupa. Supongo que está nervioso, expectante por lo que pueda pasar… Bueno, creo que ya lo sabe, ¿verdad? Sí, no es tonto, de hecho creo que es muy listo. Ha hecho como que me escucha, para ver si así me lo pienso, o me arrepiento… Se ha equivocado de hombre. Así que,por favor, no nos liemos más, haga lo que le toca hacer, rece lo que sepa, o diga unas últimas palabras, un último deseo o lo que le salga de los cojones. Pero hágalo ya que tengo una cita con una chica guapa y aún me tengo que cambiar de ropa.
Paolo Puzzo
Septiembre 6, 2008
Noche de sombras – Un día cualquiera
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Eastern Promises OST – Howard Shore
Estaba contento, todo estaba saliendo de maravilla. Su fiel esposa se había mantenido a su lado, no se podía pedir otra cosa, al fin y al cabo, alguien de su estatus tenía que mantener la tradición… Aún así, hubo un momento en el que dudó de que su mujer se quedara en casa. Suponía que los gemelos habían tenido algo que ver en su decisión de quedarse, una mujer sola, sin trabajo, casa o dinero…¿Y divorciada? ¿Qué dirían sus padres? ¿Sus conocidos? Sonrió. Puede que no se hubiera quedado por amor, pero lo había hecho, aún sabiendo que la espada de Damocles pendía sobre sus cabezas.
Casi dos años antes de esa bonita noche de marzo, todo se le había torcido. Como la mayoría de los integrantes de la empresa, compartía ciertas noches con una hermosa mujer que, obviamente, no era su esposa. No, obviamente no era una Geisha, sólo una joven prostituta de alto standing a la que los yenes que él le daba le gustaban más que los de otros. Todos los miércoles, después de ir a la sauna con los demás, marchaba al piso donde ella le esperaba. Era una chica inteligente, además de guapa, y disfrutaba con ella hablando de todo un poco, pero sobre todo desahogándose de aquellas cosas que le sucedían durante el día y que de ninguna manera compartiría con su esposa.
Aquel había sido su gran error, la joven había resultado ser una confidente de la policía, y por su culpa su jefe y parte del consejo se habían visto implicados en una importante investigación judicial. Sobraba decir cómo había terminado su amante. Él tuvo que demostrar su valía, se cortó el índice y dos falanges de su dedo anular derecho, y con el bombo que se le dio en la prensa su mujer acabó enterándose de la aventura. Sin embargo, se había quedado con él, se había mantenido a su lado a sabiendas de que su apellido había quedado en desgracia. “Tarde o temprano, querido, podrás probar lo que vales y todo se solucionará”, le dijo una noche Kaiko. Mirándose en el espejo del baño se sintió afortunado, sus superiores habían sido muy magnánimos con él… Otros, por un error menor, habían tenido que hacerse el harakiri.
El primer año después de su caída en desgracia no había sido tan bueno, decidió enviar a los niños a casa de sus abuelos en Yokohama, sólo por si acaso. Con cada paso que daba hacia su trabajo notaba miles de ojos en su nuca, observando, vigilando sus movimientos. Casi no dormía, e incluso había sacado su vieja escopeta para defenderse. Pero todo había pasado, ahora se sentía seguro, e incluso lo habían ascendido. ¿Qué más se podía pedir? Su casa volvía a estar llena de vida.
Pero no en ese momento, los niños llevaban horas acostados, no habían dado demasiado la lata y parecía que por fin habían quedado agotados. Su esposa dormía profundamente a su lado de la cama. Debía de estar cansada, después de la película se había marchado a la habitación y ni siquiera la había criticado un rato, cosa que siempre le gustaba hacer antes de dormir. Le resultaba raro, habían vuelto a tener la confianza de cuando estaban recién casados, y solía esperarle para apagar la luz… Sí, demasiado silencio…Escupió el enjuague bucal de golpe. Sólo pudo ver su propia sangre sobre la cerámica… sus hijos…
Horas después, el detective Kato de la policía sólo pudo describir lo que había visto dentro de la casa como algo profesional, profesional y atroz. Nadie había quedado con vida, nadie se había dado cuenta de que el asesino estaba en la casa, los vecinos tampoco habían oído nada. Como si hubieran sido asesinados por un fantasma.
Lo que nadie supo, ni siquiera Hanako, fue que, cuando salió por la puerta del apartamento sabiendo que iba a ser castigada por no haber sido capaz de matar a los niños y sufriendo su primer ymás profundo dolor de cabeza, una sombra profunda llena de oscuridad y sin remordimientos, entró en la casa y terminó lo que ella había empezado.
Septiembre 5, 2008
Una mañana… de un día cualquiera.
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Abrió lentamente los ojos, sólo para descubrir que las pequeñas luces seguían allí. Se quejó por lo bajo, no entendía como podían continuar, cómo los medicamentos no habían hecho efecto.. La presión sobre el lado izquierdo de su cabeza también se mantenía, se podría decir que incluso había aumentado su intensidad. Todo su cuerpo le pedía a gritos seguir echada en la cama, bajo el cálido edredón noruego que la arropaba como a una niña.
Recordaba las frías mañanas de invierno, cuando, al despertar, podía ver los copos de nieve caer a través de los cristales y al levantarse notaba las tuberías calientes de la calefacción bajo el suelo. Nunca le había molestado el frío, de hecho le gustaba notar su nariz enfriándose sobre la bufanda, cuando su madre se emperraba en taparle casi toda la cara y, cuando no miraba, empujaba la lana y liberaba su pequeño apéndice. Pero aquellos días habían pasado, y odiaba aquel clima. Odiaba aquella humedad que se le metía en los huesos, que no la soltaba jamás. Y allí estaba, intentando coger las fuerzas suficientes para levantarse, para seguir viva un día más.
La cabeza no le dejaba pensar, concentrarse en su trabajo, y aquello le iba a costar muy caro. Tras el entrenamiento diario, que se obligaba a hacer, aunque se muriera de dolor, tenía que dirigirse a las oficinas de su familia. Le habían dejado claro que la vigilarían, que no la dejarían ni a sol ni a sombra, pero aquello había llegado demasiado lejos. Primero fue él… se lo habían arrebatado de sus brazos, y con él se habían llevado su alegría y su ilusión, su juventud. Después, pocos meses después, una fría y escueta carta le informaba de la muerte de su padre. El cáncer había podido con él… Era una pena que la enfermedad hubiera llegado antes que ella.
Para demostrar su valía, desde aquello, había tenido que hacer cosas que jamás había imaginado. Pese a ser lo que era, pese a serlo desde antes de tener consciencia propia. La noche anterior había terminado un trabajo, debería haberlo hecho una semana antes, pero se pasó los días observando, luchando consigo misma para ser capaz de desenvainar. Después, justo después, empezó a dolerle la cabeza, si quedaba algo humano, lo había perdido.
Ahora, el nuevo consejo debía decidir si le permitían viajar a Nueva York para asistir al entierro. Si lo aprobaban… tendría que esforzarse aún más.. si la cabeza no le doliera tanto…









