Mi propio fénix

Fénix

La llama se apagó,

aquella que inundaba mis sentidos,

se apagó.

El tiempo llovió sobre ella

y, cual ave fénix, renació.

Mas su fuerza desmedida

ya no volvió más…

Dejó paso al calor

que me acuna,

que es ensoñación

de ti.

La llama dejó de ser salvaje

dejó de ahogar mi alma,

de alimentarse con mi oxígeno.

Se fundió en mí,

al pasar los años,

al madurar,

al unirme a tí…

Llamas son ahora mis manos,

mis dedos,

mi lengua

y mis labios.

Pero aquella llama,

aquella que me quitaba el sueño,

que en mi vientre rugía

cuando me mirabas apenas,

aquel fuego desgarrador,

esa llama, amor mío,

desapareció…

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