Besos

Recorto mi cabello

sobre tu camisa,

apoyo mis piernas

sobre tu boca,

y pierdo la compostura

si nuestras miradas

se cruzan.

Aprieto mis manos

entre las tuyas,

y, pese a la lejanía,

mi mente duerme dentro de ti,

donde no hay dudas,

ni batallas que mi sueño alteren.

Sí, soy de mi señor,

y vuestra,

y aunque duela hasta morir,

aunque la desesperación

me venza a veces,

seguiré, antes de cerrar los ojos,

cuando en lo alto observan las estrellas,

pensando en el lago,

pensando en tí…

Dejándome acunar por sueños

y juegos de niños,

donde la ilusión

con fuerza se abraza,

donde el tiempo,

ese frío compañero,

no pasa…

Donde tú, y sólo tú, eres mi señor,

y yo, y sólo yo, tu dama.

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