Jano

Jano

Paladín del orden

de los pensamientos…

Con la armadura brillante

que me ciega

cuando el sol acaricia tus cabellos.

Guerrero que cabalga la pasión

de los sentimientos

más profundos…

Con el ceño fruncido

te dejas llevar por la ola,

doblegándola a tu voluntad.

Tú, mi Jano

al que nunca encuentro sentido…

Yo, humilde testigo

que lanza la moneda

de tus dos caras…

Yo, que por un instante deseo,

rezo al azar

para que, por una vez,

la moneda,

tu moneda,

caiga de canto.

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