El baile infinito

Baile

Miradas que atraviesan

el alma misma,

labios que desean

susurrar oscuros deseos

y permanecen cerrados.

La cabeza que se yergue orgullosa

para que nadie observe

el peso que carga.

Manos que aprietan

la bruñida seda,

que es cascada

del cuerpo anhelado por él.

Y la música la embriaga,

el vino nubla sus sentidos,

sigue bailando,

no puede parar de hacerlo,

y sus ojos son su faro

en la tormenta

que hace que las piernas amenacen

con ceder, con no aguantarla.

Y cuando se agotan las fuerzas,

cuando perdida se ve la batalla,

su mano,

cálida, suave, dulce mano soñada,

la arrastra irremediablemente

a su abrazo,

seguro, fuerte, apasionado abrazo…

Y la música cesa,

la tormenta para,

su mirada se clava

y se entrega a la marea,

regresa a sus labios,

que un día conquistadores de ella fueron,

que son,

que siempre serán,

del corazón, su casa.

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