En la batalla, una de tantas

Lanzas, picas, alabardas

son el perfil del horizonte,

que se mueven, expentantes,

aguardando la señal

para que ya nada, ni nadie,

dé marcha atrás.

La mano, con la palma abierta,

alzada,

y su montura le recuerda

que es la hora,

el momento.

Atrás, rostros que

pueden ser pálidos

al atardecer,

esperando que el puño se cierre.

La diestra con fuerza

agarra su espada,

la hoja brillante,

empuñadura que besa

rezando para volver con su dama,

para aguantar otra embestida.

Y en un parpadeo,

el cielo se tiñe de rojo

y no hay más que gritos

sangre y dolor.

Y siente el acero en sus carnes,

y siente que las fuerzas se acaban,

y su rodilla se dobla,

su espada se escapa.

No siente dolor,

sólo la pena de lo que pudo ser, un día,

y en el delirio,

vuelve su sonrisa

tan bella, tan fresca….

Al amanecer,

ya no hay ruido,

sólo el silencio de pérdida,

y un triste compañero

descubre con pena

como, en su mano inerte,

enredado entre sus dedos,

descansa, manchado de sangre,

un pañuelo de seda.

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Una respuesta a En la batalla, una de tantas

  1. einger dijo:

    Me recuerda a la épica leyenda con la que comencé mi blog. Aunque la mía era algo mas friki.

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