Retorno

Retorno

Carnosos labios entreabiertos,

dejando escapar

cada segundo,

el humo.

Rojos los labios,

olas de oro

en el cabello que cae

sobre el desnudo hombro.

Ojos,

juguetones ojos,

que se fijan en ti

y huyen,

párpados caidos

que esconden

el iris diamantino.

Y los pies,

que con sus dedos

acarician su pecho,

bajando por el vientre

hacia su centro.

Y la tormenta comienza,

las suaves olas

se tornan bravas,

los labios muerden,

lamen la piel desnuda…

Sus ojos brillan,

vencedores se saben,

conocedores de sus encantos.

Y él se hunde en el deseo,

se hace uno con la lluvia

y con el viento.

Y sabe que,

por mucho que luche,

siempre acabará volviendo,

siempre volverá

a hundirse en su cuerpo.

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