La dama blanca

Chenko

La dama blanca me mira,

me observa

desde los pies de la cama,

la veo, ahí quieta

a través de las sábanas

que ocultan mi cara.

La amo,

la deseo con toda mi alma,

y la temo,

la temo más que a nada.

Se que cuando se acerque,

cuando me acaricie el rostro

con su mano helada,

dejaré este cuarto,

me separaré de mi almohada,

seguiré con este camino

que sé que nunca se acaba…

Mas dejaré mis recuerdos,

olvidaré la vida pasada,

y con ella se marcharán

las personas que me acompañaban.

¿Qué será de su llanto?

¿De la tierna mano

que la mía apretaba?

¿Qué será de los días,

la lluvia,

mi piel sonrosada?

Todo se quedará aquí,

mi corazón no seguirá latiendo,

ni por ti, ni por nada…

Ay mi fría dama blanca,

ven ya, bésame con tus labios de hielo,

ama a mi alma,

tómala de nuevo,

haz que otra vez nazca.

Haz que crezca,

llore y ría,

haz que ame

como ahora me aman.

Y aparece, más tarde,

aquí, otra vez en mi cama.

Porque eres la contradicción,

mi amor, mi odio,

son tuyos…

Porque eres la única que espera,

la única que,

en el fondo,

realmente me ama.

Beso de la muerte

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Una respuesta a La dama blanca

  1. Maha dijo:

    me gusto mucho… es muy parecida a la que yo veo

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