Regreso

Angel

Llevaba perdido mucho tiempo. Alguien lo había sacado de la oscuridad donde estaba, donde de vez en cuando veía una pequeña luz, y olía un aroma familiar. Donde soñaba con hermosas conversaciones, donde él sabía qué hacía allí, donde esperaba que ella se diera cuenta, sin más. Pero algo no había salido bien, alguien había amenazado lo que él quería, por lo que él había luchado.

Le estaban haciendo recordar… había llegado el momento de marcharse, después de elegir un sucesor, debía irse, y lo hizo. Pero no como “tenía” que hacerlo. Se supone que debía dejarse ir, abandonar el mundo y entrar de nuevo en el ciclo, después de tanto tiempo. Pero algo lo unía a su vida tan irremediablemente que hizo algo, algo para seguir vinculado al mundo. Y encontró un alma tan desesperada por vivir que el trato fue cosa hecha. No recordaba nada más.

Abrió los ojos lentamente, adaptándose a la luz. Estaba agotado, su cuerpo casi no le respondía. Notaba el tacto de la sábana sobre sus piernas, el sonido del viento entrando por la ventana, la respiración de otra persona en la estancia. Con mucho esfuerzo giró la cabeza, en una cama, a su lado, dormía un hombre joven. Era castaño, bien formado, y en su rostro podía ver unas ojeras bastante marcadas. Alguien entró en la habitación sin pedir permiso. Era un hombre bastante mayor, con barba larga y melena, completamente blancos. Llevaba un traje gastado y sus brillantes ojos azules se movían rápidos entre su compañero de habitación y él. Su mirada se centró en él, se acercó con pasos firmes y rápidos no muy consecuentes con su edad, y se sentó a un lado de la cama. Él se sintió más fuerte sólo con su presencia, y vió como el anciano también cargaba con un gran cansancio en su cuerpo. Hizo amago de hablar, pero antes giró la cabeza hacia su compañero y respiró hondo. Luego, volvió a centrarse en él.

– Bueno, bueno. – Hablaba rápido, aunque su voz parecía cansada. – Me has dado mucho quebraderos de cabeza amigo mío… La verdad es que me sorprendiste. – Supongo que no recordarás nada, es normal, ha sido… difícil. No sé si alguna vez lo harás, pero te necesitan. Tú elegiste tu camino, pero este chico no se lo merecía. Y ahora tú eres responsable. He… hecho todo lo que podía. Cuando os recuperéis… bueno, ya hablaremos. – Se levantó y se fue. Y él se quedó pensando en un aroma… y en unos ojos castaños.

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