En la batalla.

The thin Red Line OST – Choir of all saints

Quería llorar, gritar, levantar los brazos hacia el cielo suplicando ayuda… Pero no podía, su cuerpo se convulsionaba incontrolable, notaba sus ojos anegados en lágrimas, la sangre corría cálida por su frente, que latía.

Todos habían caído, todos, sus cuerpos inertes no dejaban ver cómo la tierra se había teñido de rojo. Sus compañeros, sus amigos, sus hermanos de sangre estaban muertos, con la mirada perdida en el vacío, en algún lugar donde él no podía seguirlos. Y él no podía moverse, escondido bajo un viejo tronco caído, en el lecho seco de un río, sólo podía pensar en la última vez que compartieron un buen vaso de vino, la carta de una esposa, la foto de un hijo…

Cada vez más cerca, escuchaba al enemigo buscando supervivientes, quedaban muy pocos, pues el fortuíto encuentro de los dos ejércitos había acabado en una matanza para ambos, pero siempre tenían que quedar más en pie de uno u otro bando, y aquella vez eran ellos los vencedores… y sabía que le esperaba un destino peor que la muerte por un disparo, por metralla, o por lo que fuera, pues decían que las cárceles donde encerraban a los prisioneros de guerra eran el mismo infierno en la tierra. A algunos afortunados, oficiales, hombres casados con dinero, se les permitía recibir paquetes de la Cruz Roja, pero él sabía bien que nunca le remitirían uno, pues era un simple soldado, soltero y pobre, que se había alistado para huir del hambre de su hogar… Ese hogar que tanto extrañaba.

Las leyendas habían crecido entre los compañeros, los prisioneros eran obligados a correr desnudos en la nieve durante horas, bebían agua contaminada, y debían enterrar a los que caían durante el día. Las mujeres corrían peor suerte, al menos ellas tenían alguna oportunidad, y podían gustar a algún oficial enemigo.. Entonces él las acogía y las protegía de las limpiezas y pruebas a las que se veían sometidas tan a menudo. Ellas sufrían una tortura, cierto era, pero con todas aquellas historias que se contaban, aguantaría cualquier tortura siempre que pudiera sobrevivir un día más.

Los pasos se oyeron cerca, muy cerca, una mano blanca como la nieve tocaba el cuello de aquel jovial chico que dormía en la litera de la izquierda, después el cuello de otro, acercándose más y más a aquel tronco donde él temblaba sin cesar. Le tocó el turno a su mejor amigo, con quien había soñado viajar, conseguir fama y fortuna y casarse con las hermosas hijas del alcalde, tan guapas con sus bonitos vestidos nuevos, bajo el sol primaveral, jugando con las flores del almendro que caían como si de copos de nieve se tratara. Sus ojos azules observaban el infinito, la sangre seca no dejaba ver el hermoso rostro de su compañero de la infancia… El joven enemigo se puso de cuclillas para observar los recién estrenados galones de cabo del muerto. Seguramente llevaba el uniforme perfectamente planchado antes de la batalla… Parecía tener su misma edad, los ojos azules, el pelo clarísimo, casi blanco.

Fue entonces cuando sus miradas se cruzaron. Él no podía moverse, su cuerpo no reaccionaba, estaba atrapado. El ángel de la muerte lo miraba, se levantó y se acercó más a su posición, cuando volvió a agacharse tenía su arma en la mano. Él no entendía porqué no había avisado ya a sus compañeros, porqué no decía una palabra, aún a sabiendas de que no sería capaz de comprenderlo.

Lo miraba implorante, sólo un disparo, un tiro y pese a estar muerto, sería libre. Parecío entenderlo, aquel joven de mirada congelada, pues amartilló la pistola y apuntó. Se lo pensaba, los miembros de su compañía se acercaban, si lo veían, lo meterían en aquellas cárceles donde no había salida alguna, donde sólo quedaba la locura para escapar del sufrimiento. El pulso de su enemigo tembló por un instante, pero luego volvió a ser firme y estiró el brazo.

Llegó el estruendo, e inmediatamente, la calma.

El joven oficial guardó su pistola, se levantó, y avisó a un soldado para que terminara lo que él había empezado.

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11 respuestas a En la batalla.

  1. linilla dijo:

    Muy bueno, me gusta!! Yo también escribo desde perqueña. Pásate por mi blog: http:// linilla.wordpress.com/
    Saludoss!!

  2. Chenko dijo:

    Muy bonito, Ki. Crudo y triste, pero muy bonito. Consigues transmitir muchas sensaciones y que nos metamos de lleno en lo que nos cuentas. Aunque sea tan trágico.

    El próximo lo quiero sobre una fiesta feliz, de niños felices con payasos felices. Los payasos pueden morir horriblemente, pero el final DEBE ser feliz. ¿Sí? 😉

  3. kiram dijo:

    😀 Gracias Chenko!! Siempre he pensado que si en alguna historia se meten payasos, para que termine bien, éstos deben morir 😀

  4. Kiram:
    Tu tienes la culpa de que me repita, me gustó muchote…….proximamente publicaré algo de los Heroes de mi Republica dominicana, que fue premiado….. en un concurso…………

    lindo…. sencillamente…. pa-lante.. te sigo iré poquito a poquito pero haré sus merecidos comentarios….

    garrazz.

  5. kiram dijo:

    Gracias Garraz! Miraré tu blog para leer ese relato 🙂 Éste es ficción, pero supongo que cosas muy parecidas pasan en la guerra… Saludos!

  6. linilla dijo:

    Sí!!:) todos los que tienen como firma L.Ferre Marzo son míos. Saludos chiquillo!!

  7. Vampiresa dijo:

    Genial… nunca es tarde para vencer una timidez y menos en medio de una guerra, mental o vívida…

    Un café mientras llueve. Lo mejor… y más i es en la tarde, no tarde…

  8. Vampiresa dijo:

    Ahgg! Perdona Kiram, no estoy en mi portátil usual, ando de viaje, por eso este comentario anterior que escribí era para el post siguiente a este.

    Un beso!

  9. kiram dijo:

    🙂 no pasa nada 🙂

  10. Pablo de Aguilar González dijo:

    Pues ya que me pides opinión, kiram… te diré que me ha gustado bastante, que me parece que está muy bien escrito y que quizá, sólo quizá porque es algo muy subjetivo, le falte un pelín de tensión.

    Un abrazo.
    Pablo.

  11. kiram dijo:

    Gracias Pablo, sí, creo que le falta un poco de tensión, quizá describiendo como se acercan los soldados enemigos, o como se siente el protagonista mientras el oficial se acerca.
    🙂

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