Dos tipos duros (Parte IV)

Gloomy sunday – Billie Holliday

Tras la suave cura de la joven O´Cannahan Vincent decidió salir pitando de aquella casa. No porque no quisiera quedarse, es decir, todo su cuerpo (sobre todo su compañero residente en el estómago) deseaba estar en aquel salón, con aquella joven de los ojos de almendra, para toda la eternidad. Pero si ya tenía problemas, no quería saber qué pasaría si cedía a sus impulsos.

Ella, que había recuperado ya su dura apariencia, guardó el botiquín, encendió un pitillo y se lo ofreció. Él no pudo evitar aceptarlo, notando el sabor del carmín. Tenía que irse cuanto antes, pero también había demasiadas preguntas que aún no tenían respuesta. Decidió tirarse a la piscina.

– Srta. O´Cannahan – Era un tipo duro, no podía dejar que una mirada profunda, a la que se había sumado unos hermosos labios, le impidiera hacer su trabajo. – Tras nuestro encuentro de hoy, tengo que hacerle unas preguntas. Debo pedirle que se entreviste conmigo en mi despacho…¿Mañana quizá? Hemos tenido suficientes emociones por esta noche. – Ella enarcó una ceja y sonrió, de un modo más parecido a una mueca de dolor que a otra cosa.

– Claro Sr. Morgan… Pero ni a usted ni a mí nos interesa que me vean entrando en su despacho… Créame.– Se levantó, girándose hacia la mesa donde descansaba su máquina de escribir. Le dió la espalda a Vincent, pudiendo éste contemplar la silueta de la joven. No era esbelta, más bien baja, pero su cuerpo tenía una figura muy hermosa. Lo que más impresionaba era su porte, duro, siempre con la cabeza alta. – Creo que nuestra conversación será más… tranquila si nos vemos en… – titubeó – el bar donde… nos encontramos.

Él aceptó, teniendo que callar por centésima vez a la bestia de su interior, recordando la primera vez que sus miradas se cruzaron. Volvieron a estrechar las manos, con más fuerza, separándose más lentamente. Parecía que sus pies fueran de plomo, nunca marcharse de un lugar le había costado tanto.

Sentado ya en su viejo coche, notó el calor del licor en su garganta, la fiera rugiendo, el sudor por su frente. “Ésta, amigo mío, va a ser una noche muy larga”.

Y así fue, a la mañana siguiente continuó sus pesquisas sobre la extraña familia. Al parecer, el fallecido Sr. O´Cannahan era un hombre de negocios muy importante en la ciudad, averiguar cuáles eran éstos era harina de otro costal. Bolsa, asesorías, buffetes de abogados y clubes nocturnos eran algunos de los hilos de la inmensa red. Indagando, gracias a Hillary , su secretaria, supo también que hasta que no se supiera con claridad la causa de la muerte de William O´Cannahan, la única heredera era su hija Karla y que fuera cual fuera el resultado de la investigación policial, ella se llevaría la mayor parte del patrimonio de su padre. Dudó, ¿Le estarían engañando aquellos ojos? ¿Sería ella la culpable? No, no podía ser…

Durante el resto del día, Vincent pasó el tiempo intentando diabolizar a la joven, buscándole defectos y oscuros secretos imaginarios, así su fuerte coraza de tipo duro se veía reforzada, preparada para el posterior encuentro en el bar. Pero ni los peores pecados inventados sirvieron de nada cuando, desde la sombría mesa del fondo donde fumaba compulsivamente, observó la sinuosa figura de la mujer en la puera abierta del bar.

Pareció intuir donde se encontraba, porque no vaciló en dirigirse a su mesa, era eso, o que todos los “tipos duros” preferían los lugares oscuros para hacer negocios. Se quitó la gabardina despacio, como si supiera que él observaba cada movimiento. El sombrero lo dejó sobre la mesa, después de sentarse y cruzar las piernas. Juraría que había oído el suave sonido de las medias. “Céntrate Morgan”, se alegró de que no hubiera luz suficiente para verle la cara.

– Bien, Srta. O´Cannahan – “llámeme Karla, por favor” replicó al instante ella, él sólo pudo inspirar profundamente – Bien, Karla, como ya sabe me han contratado para aclarar qué le sucedió exactamente a su padre. No tengo más remedio que preguntarle donde estaba cuando sucedió el… accidente.- Ella se encendió un cigarrillo, y con el resplandor del encendedor pudo ver refulgir sus profundos ojos. No pudo evitar un leve temblor en la voz.

– Me alegro de que no haya centrado sus sospechas en mi madre, Sr. Morgan, es usted un hombre muy inteligente para caer en las redes de una mujer hermosa – ¿Se refería a su jefa o a ella? – Desgraciadamente para mí, no tengo coartada. Me encontraba sola en mi casa, escribiendo, como anoche.

– ¿Y no tuvo ninguna visita como la de ayer?  – Notó la mirada de la joven, enfadada, ofendida. “Mierda… gajes del oficio, muchacha” Para ser sincero, no sólo fue una pregunta profesional.

– No.

– ¿Se dedica usted a trabajar en alguno de los negocios de su padre? – “¿Tiene algo que ver con los asustos turbios de su padre?” quería decir, esta vez se mordió la lengua.

– No. Sólo administro parte de su dinero.

– ¿A qué se dedica?

– ¿Tiene eso algo que ver con la muerte de mi padre, Sr. Morgan? – “Touché, de nuevo, touché” Esa chica le daba siempre donde más dolía. Dió un profundo trago a su vaso, percatándose de que su compañera no tenía bebida, hizo una inconfundible señal a Joe y éste trajo otro doble para ella.

– Puede ser, no se puede dar nada por hecho. – “No, no se puede…” contestó ella, pero dejó sin responder su pregunta.

Resultó que Karla no tenía demasiada relación con su familia, no se llevaba demasiado bien con su madre, y Vincent pudo observar que tampoco le gustaba hablar de su padre. Supo esquivar perfectamente las preguntas de “Adam”, “Para otra ocasión”, decía, igual que cuando le volvía a interpelar sobre su familia. Así pasaron las horas, el whisky corrió más de lo que debería, y el interrogatorio dió paso a una conversación más profunda. Estaba entrando en aguas pantanosas.

El bar empezó a llenarse, y un grupo local tocaba con suavidad una de esas canciones para los “tipos duros” y solitarios. Ella se levantó,le tendió la mano y el sintió que el mundo desaparecía bajo sus pies. “Los tipos duros no bailan…” Puede que no fuera tan duro en el fondo.

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4 respuestas a Dos tipos duros (Parte IV)

  1. eariandes dijo:

    Una mujer fuera de lo corriente para la época…
    me encantó el principio especialmente

  2. vittt dijo:

    los tipos realmente duros son los que saben que no lo son.

  3. kiram dijo:

    Por supuesto, V, pero perdería la gracia si no lo pensara. Además, ese pensamiento era más para el lector que para él mismo. Él ya sabe que la joven le ha tocado lo blandito.

  4. Pingback: Dos tipos duros (Parte V) « Kiram

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