Dos tipos duros (Parte V)

when it s sleepy time down south – Louis Armstrong

Le sonrió, con los ojos tristes, se separó y, tras la última nota de la canción, se marchó. Justo en el momento en el que él había imaginado besarla como sólo los tipos duros saben hacer.  Pero antes de convertir la fantasía en realidad, ella ya había cruzado de nuevo el quicio de la puerta y se había perdido entre la niebla, esta vez dejándose algo atrás: Su sombrero.

Tras un número indeterminado de whiskies, se atrevió a cogerlo y lo observó con detenimiento. Estaba viejo y gastado, de hombre. Era bastante más viejo que su dueña…se preguntó quién había sido su anterior propietario.

La noche pasó lentamente, whisky tras whisky, el sillón de su despacho se convirtió una vez más en una cama improvisada. Eran las diez cuando Hillary le despertó con un café recién hecho, sólo de olerlo le entraron naúseas, pero aún así lo agradeció. Recordó soñar escenas inconexas de los dos días anteriores, la dama, los ojos almendra, golpes, una solitaria lágrima corriendo por una mejilla aterciopelada. “Creía que los tipos duros no bailaban” decía ella, “Los tipos duros tontos, no”, respondía él. Cómo le dolía la cabeza. Hillary diciendo que la jefa venía en diez minutos. “¡¿Diez minutos?! Mierda…”

Mientras se afeitaba cayó en la cuenta de que tenía demasiada práctica en afeitarse con el único reflejo de su petaca, ahora vacía. Tras terminar se desató la corbata y la rehizo. Cogió aire cuando la vió entrar en la pequeña habitación y volvió ver como su mera presencia conseguía iluminar la estancia. Sin embargo, en aquella ocasión, a su mente sólo le vino una profunda mirada, pese al porte de la dama, y pese al notable interés que ésta demostraba hacia su persona. “Touché, por si aún te quedaba alguna duda…” Realmente, no podía creérselo. Una desconocida había conseguido desenterrar lo que llevaba años bien escondido.

Su jefa le preguntó por sus avances, al parecer, no se había enterado de la entrevista que había tenido con Martina, ella enarcó la ceja con aprobación, parecía divertirle el hecho de que Vincent hubiera molestado a la viuda en la intimidad de su hogar, haciéndole preguntas incómodas. Tampoco tenía noticias de que Karla y él se conocían, dejó que eso siguiera así, su instinto (ése que le había salvado el pelo en más de una ocasión) le decía que cuanto menos supiera la mujer de la hija de Martina, mejor. Sin embargo, muy inteligentemente, la dama sí dió a entender que se había enterado de su encuentro con el tal Sr. Adam “Manfredi, así que ése era su apellido…” Fue una visita corta, y tras su marcha el despacho había vuelto a su oscuridad habitual.

Se quedó a solas, sentado en su desvencijada silla de detective, con las piernas sobre la mesa y maldiciendo el que no le quedaran botellas en ninguna parte. Sacó su cartera y desdobló la vieja foto: Una hermosa joven le sonreía, bien peinada y con los labios rojos. Recordó el momento, cuando él era joven y no uno de esos tipos duros, en que sacaron la instantánea. Habían decidido casarse, justo después de que él volviera de la guerra. La casa, los niños… habían imaginado cómo sería todo, como se cogerían las manos siendo viejos observando orgullosos a los nietos en el jardín.

Ese momento nunca llegó, le habían arrebatado al amor de su vida, su juventud, sus ganas… No había sentido nada igual desde entonces, ninguna mujer lo llenaba, ninguna. Los besos no significaban más que la pasión del momento, nunca se había imaginado besando a otra mujer, perdido en pensamientos de ese estilo. Simplemente, siempre se había dejado llevar. Menos con aquellos ojos almendra, y eso sólo conseguía ponerle la piel de gallina.

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5 respuestas a Dos tipos duros (Parte V)

  1. eariandes dijo:

    Es lo que tiene a los tipos duros es más facil romperle el corazón a martillazos…

  2. vittt dijo:

    afeitarse con el único reflejo de la petaca vacía, me ha encantado esa parte.

    con los corazones de piedra basta con un golpecito en el lugar adecuado, eari.

  3. kiram dijo:

    Estoy con Vitt, sólo hay que encontrar el punto justo, eso es lo que más cuesta.

    🙂

  4. eariandes dijo:

    Estoy de acuerdo, yo no he dicho cuantos golpes se necesitan, solo que ha de hacerse a conciencia

  5. Pingback: Dos tipos duros (Parte VI) « Kiram

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