Colorín colorado

Dibujo realizado por Vincent Hui

Dibujo realizado por Vincent Hui

Neville´s waltz – John Williams

– ¡Que no! – Dijo empezando a enfadarse. – ¡Que no me sirve ninguno! O me quedan grandes, o chicos…

Los amigos se miraron de reojo, sin saber muy bien cómo consolarla. Era la primera vez que en El lugar donde nacen los cuentos ocurría algo así. También era cierto que ya existía alguien a quien un zapato le había quedado perfecto, así que podría ser que no hubiera posibilidades de encontrar otro par así. Pero ¿qué decirle? ¿Fastídiate? ¿Deberías haber sido más original? Si sólo había que mirarla para que se les cayera el alma al suelo, si tuvieran alma claro.

– Bah, da igual. – Refunfuñó, tirando el último zapato probado al suelo y mirándose los pies, que parecían cambiar de tamaño según iba cogiendo pares nuevos. – Total, ¿Qué más da? ¿Qué más da que Él me haya invitado al Baile? ¿Qué más da que no tenga unos Zapatos decentes? – rompió a llorar, nunca se había sentido tan desdichada como en ese momento.

Sí daba, porque le había observado desde que era una niña, con su pelo perfecto y su ropa impecable, desde la ventanita de la buhardilla donde se encerraba para descansar. Porque Él se había fijado en Ella, y no en otra, cuando paseaba por el bosque el día en que la Mala Malísima había salido a pasear a Chispita, el dragón del castillo. Y Ella, y no otra, no tenía un mísero par de zapatos. Se acordó de los antepasados de la dichosa Cenicienta.

Entonces a uno de sus amigos, unos ogros que vigilaban los calabozos, con los que había hecho buenas migas desde el principio, se le ocurrió una idea. “¡Oye!” dijo entusiasmado “Sé que el Hada Madrina, y la Bruja Piruja te mandaron a paseo, pero… ¿Y si llevas esto? No es muy medieval… Pero…” Sacó del Saco sin Fondo de las Posibilidades Infinitas, regalo de su abuela, de la del ogro, un par de sandalias.

– Chica, – dijo el otro ogro – piensa en lo guapa que estarás enseñándole esos deditos, hay que adaptarse a los cambios… Y es eso, o ir descalza.

Ella se lo pensó. Mucho. Tanto que sus amigos, los ogros, fueron y volvieron de los calabozos dos veces mientras ella observaba las sandalias, que tenían unos tacones de aguja enormes. Al final, pese a que no le hacía gracia, accedió.

Fue al baile, bailó, mucho, y se fue antes de las doce porque los pies la mataban. Sin embargo, Él nunca volvió a dar señales, hasta que se volvieron a encontrar en el bosque, y ya jamás se volvieron a separar. Resultó que a Él sólo le gustaban las mujeres Descalzas.

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4 respuestas a Colorín colorado

  1. Baro dijo:

    ¡Es lo que le digo a todas mis amigas, que los tios nunca nos fijamos en los zapatos! Pero nunca me creen. ^_^ Que bonito el cuento.

  2. kiram dijo:

    Jajajaja, pero las mujeres sí se fijan!

  3. Las mujeres somos complicadas. Ellos NO.

  4. kiram dijo:

    Deberíamos aprender… pero no hay manera 🙂 Me alegro que les haya gustado!

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