Las cosas, claras.

Si no sabes leer entre líneas, lo siento,
no pienses que es de mi interés convencerte,
te contaré lo que he averiguado con el tiempo
y espero que te sirva para abrir tu mente
y hacer desaparecer las nieblas de tu entendimiento.
Todo comenzó hace muchos años,
cuando aún eran jóvenes hombres y elfos,
cuando las supersticiones eran ley y hacían estragos.
En ese tiempo tu rey era tu hermano,
nobles hijos señores del hielo,
érais los dos iluminados.
Él no era el mejor guerrero
y tú estabas siempre a su lado,
en los buenos y los malos momentos
encontrábais apoyo a vuestro lado.
Mas la ignorancia se tornó terror
y por bruja, desgraciadamente, te quemaron.
Por ello tu rey se vengó,
y con la vida acabó
de todos aquellos
que en tu muerte participaron.
Si inconsciente, o conscientemente, no sabemos,
pero te encontró tras muchos años,
unidos en busca del antiguo conocimiento,
tú como elfa, él como humano,
donde no existe del tiempo su concepto,
hicieron amistad con un dragón
que ansiaba por encontrar reconocimiento,
y junto con tu rey, convertirse en dios.
Magia de los primeros hechiceros,
creo, engañada por primera vez tú, utilizaron,
y sus dos poderosas almas en una fundieron.
Con un complejo encantamiento
su alma recordaría aún cuando muriera su cuerpo
y vida tras vida él te encontraba, estaba a tu lado,
pese a que tú fueras otra, y no recordaras.
Fue en esta vida, y no otra, cuando de nuevo
nuestras dos almas se cruzaron,
y pese a que no me creas, hermana,
volvimos a vernos sumidas en el miedo
cuando una vieja partera, en nuestro alumbramiento,
creó sobre nosotras un sino aciago,
y nuestro padre, temiendo por nuestras vidas, acongojado,
vio como única solución el separarnos.
No quiero que llegues a conclusiones falsas,
pues durante largos y dolorosos años
tanto nuestra madre como yo creímos que habías muerto
como tantos otros niños, en el parto.
La culpa de nuestro padre ha sido su castigo,
y como todas las mentiras se descubrió con el tiempo
que tú estabas viva, mas ya habías elegido bando,
y no sabía de que forma contactar contigo
y, a la vez, mantenerme a salvo.
 
No contestaré, a tus ataques sibilinos,
pues creo a muchos de tus interrogantes
con sinderidad he respondido.
Ahora, si tienes nuevas preguntas, hermana,
a buscar respuestas contigo me ofrezco,
ignorando todo aquello que nos separa.
Tú nada me debes, yo no te debo ya nada,
y si era así por sangre o por el pasado, tente ya por bien pagada.

En respuesta a El filo de una sonrisa

por Arminda C. Ferrera.

 

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6 respuestas a Las cosas, claras.

  1. vittt dijo:

    si que viene de lejos lo vuestro…

  2. kiram dijo:

    No lo sabes tú bien 😉

  3. Adan dijo:

    WOW me encanto este relato, me atrapo como una red.

  4. kiram dijo:

    Gracias Adan 🙂

  5. eariandes dijo:

    Sí que lo has resumido bien sí… ¡me ha encantado! Es largo pero no aburrido. Y creo que con esta contestación ya está todo dicho y la réplica sería hablar más y lo mismo. Es un buen final para este diálogo. A ver si algún día me pongo y os cuento la historia del rey y la dama en cuestión que yo personificaba Eleidim Suyim.

  6. kiram dijo:

    Me alegro de que te haya gustado 🙂 A ver si sigues con lo de Anmarell que lo dejaste en un punto culmen, jo!! 😛

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